Biotecnología casera.

Estándar

Seguro que hemos leído o recordamos los tiempos memorables de la “paleoinformática” doméstica, donde unos “quinceañeros” con sus caras repletas de acné fueron capaces de fabricar un ordenador o un sistema operativo completo en el garaje de su casa.  Hoy nos parecen héroes y seguramente lo fueron.

Meredith L. Patterson, a computer programmer by day, conducts an experiment in the dining room of her San Francisco apartment on Thursday, Dec. 18, 2008. Patterson is among a new breed of techno rebels who want to put genetic engineering tools in the hands of anyone with a smart idea. Using homemade lab equipment and the wealth of scientific knowledge available online, these hobbyists are trying to create new life forms through genetic engineering - a field long dominated by Ph.D.s toiling in university and corporate laboratories. (AP Photo/Noah Berger)

Meredith L. Patterson, a computer programmer by day, conducts an experiment in the dining room of her San Francisco apartment on Thursday, Dec. 18, 2008. Patterson is among a new breed of techno rebels who want to put genetic engineering tools in the hands of anyone with a smart idea. Using homemade lab equipment and the wealth of scientific knowledge available online, these hobbyists are trying to create new life forms through genetic engineering - a field long dominated by Ph.D.s toiling in university and corporate laboratories. (AP Photo/Noah Berger)

Pero lo que hoy me hace reflexionar tiene si cabe más miga. Empiezan a proliferar en Internet los sitios DIYbio (O en traducción bestia “biología de hazlo tu mismo”). Y sinceramente, MIEDO ME DAN.

No tengo nada, todo lo contrario, contra la ciencia de aficionado. Me gustan los clubs botánicos o de microscopistas, los astrónomos aficionados y los coleccionistas de fósiles. De hecho en España aún no están suficientemente desarrolladas estas aficiones.

Pero la biotecnología es otra cosa. Y me permito ser un poco tremendista, que para eso sé por estudios un poco del tema. Ya decíamos hace 20 años que la biotecnología podía ser el “arma atómica” de los paises pobres. Mis alumnos sonríen escépticos cuando les digo que podemos crear un virus letal en una cocina, dada la poca alta tecnología que se requiere y lo barato que resulta.

Y teniendo un cierto miedo del posible terrorismo biológico, mucho más inseguridad me ofrece lo que puede suceder si un aficionado manipula una bacteria común, abundante, y en principio inofensiva y consigue por ejemplo, una fuerte resintencia a los antibióticos. ¿Tendríamos sin quererlo el origen de una nueva pandemia? Quizá no tanto, pero si podría ser un problema médico severo.

Y conseguir resistencia a antibióticos es relativamente fácil si empleamos las técnicas de hace 20 ó 30 años. Técnicas que hoy día son sencillas y muy, muy baratas, aunque mucho más lentas, por supuesto, que lo que se puede conseguir en un laboratorio moderno.

Todo un problema: no en vano estos científicos aficionados pretenden crear “nuevas formas de vida”.

Voy a seguir investigando el tema. Quizá algún protocolo me resulte interesante para las clases, o recopile material para escribir un libro entero que me retire y me haga ir de televisión en televisión…

Por el momento os dejo con algunos enlaces para ir pensando:

Guia para la transformación de Ginkgo

Guía para la transformación de Ginkgo

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