¡Gracias, señor Darwin!

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¡Gracias, señor Darwin! ¡Qué bien que vino Ud. hace 200 años y, contra la voluntad de su padre, cambió su primera carrera de teólogo por la de naturalista observador y viajero!

Una de las primeras líneas de un muy interesante artículo publidado en ATRIO. (Encuentro entre lo sagrado y lo profano)

Es gozoso sentirse hermano de todos los seres. No sólo hermano en un sentido figurado y abstracto, sino en su sentido palpable y concreto, físico y biológico, material y espiritual. En cuerpo y alma, somos hermanos de todos los seres. Es gozoso sentirse hermano del chimpancé y el herrerillo, la abeja y el caracol, el romero y la zarza. Nos constituyen las mismas partículas, los mismos átomos, las mismas moléculas, la misma energía que todo lo mueve. Nos hacen ser las mismas células, y el mismo maravilloso instinto que les lleva a dividirse y unirse y subsistir. Somos el mismo misterio de la vida en sus innumerables formas y en su imparable devenir.

2 comentarios en “¡Gracias, señor Darwin!

  1. No lo pongas en duda.
    Probablemente todos estemos de acuerdo en que la vida tiene un algo de “sagrado”, que la belleza de la evolución puede conmovernos.
    La certeza de saber que todos los seres vivos que habitarón la tierra y la habitarán estamos realmente interrelacionados. ¡Eso tiene algo de divino!

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